Primer premio del Concurso de Cuento Corto Latinoamericano
convocado por la Agenda Latinoamericana-Mundial'2002
en su VIII edición.
Vea la nueva convocatoria que hace la Agenda'2003 (IX edición).

«Hagamos lo que tenemos que hacer»

 

 

Ganador: Omar Guillermo Aguilar Salvador
Nacionalidad: Boliviano
Dirección: Urb. Moto Méndez E-5, Tarija-BOLIVIA
Teléfonos: En Tarija: (591)10- 4- 6646520
En La Paz: (591) 10-2- 256253
Correo-e: J84@latinmail.com

 

¿Y si me atreviera a conocerlas? ¿Si me atreviera a pasar un buen momento con ellas? La oscuridad, el silencio, la indiferencia, son buenos cómplices, además, la necesidad de compañía, la carencia del diálogo confidente son buenas razones para animarse. Aquí, si se recorta el anuncio del periódico, ofrecen un trago gratis, aquí es dónde hay que ir... Aunque también la búsqueda puede realizarse en la calle, quizá sea mejor.

La calle está fría, llovizna. Las luces de la noche despiertan, son anuncios que acompañan la búsqueda, el deseo de ese encuentro. Aún es temprano, ellas suelen aparecer, según me dijeron, a las nueve, camufladas en medio del comercio; entre el ruido del gentío en las paradas de buses y las parejas que se abrazan en los asientos del lugar.

-Joven, una caridad por favor.

La señora lleva en su aguayo un niño, sus ojos amarillentos de hambre obligan a buscar en los bolsillos. No, el billete no. Aquí hay unas monedas. Dos, bastarán.

-Gracias tatay .

Se aleja en medio de empujones, la gente camina apurada, la lluvia se intensifica. Ingreso a un centro comercial, pareciera que todo va de la mano con la intencionalidad que se tiene está noche pues mientras espero veo una vitrina llena de revistas y en medio de ellas las que ofrecen fotos de cuerpos desnudos. La libido aumenta, el interés aumenta, mientras miro puede que la lluvia pare. Entro al lugar.

-Amigo, ¿cuánto vale la revista aquella?- apunto una que parece, según la portada, la más interesante.

-Quince, es una revista con “pura” fotos. No tiene texto, si le interesa reportajes y noticias aquí tiene ésta, cuesta lo mismo.

-¿Cuál me recomiendas?

-La de fotos.

-Veré... Ya vuelvo.

Y es que la lluvia paró, es momento de salir y continuar la búsqueda.

Efectivamente ellas empiezan a aparecer, su figura se dibuja en las esquinas, algunas están solas, otras andan lo suficientemente juntas, como si entre ellas se protegieran… ¿De qué?

Pasa un coche. Las insultan. Ellas miran estoicas.

Parece ser que esta búsqueda me abre puertas a otro mundo y a descubrir su intimidad.

Ellas están ahí, inquietando con sus miradas y movimientos que invitan a la proximidad...

-Lustro- me dice un niño.

-Cincuenta centavos nomás- insiste

-Bueno.

Mientras me lustra los zapatos me pongo a charlar con él.

-¿ Y hasta tan tarde trabajas?

-Sí pues, joven, en la tarde voy a la escuela y en la mañana y en la noche ayudo a mi mamá.

-¿Y tu papá?

-Con otra mujer se ha ido, pero eso no importa, yo trabajo y ayudo a mi mamá

-¿Tienes hermanos?

- Chiquitos son. Mi hermanita tiene cuatro años y mi hermanito un año.

-¿Y tú, cuántos años tienes?

- Ocho... Ya está.

Le pago un peso, se levanta y corre, se acerca a la mujer de aguayo a quien ya le había dado yo los dos pesos, parece ser que es su madre. Vuelvo a mi búsqueda en este mundo que se me abre. Me acerco a una de ellas que está sentada en una banca del lugar... No sé qué decirle...

-Hola- sonríe

-Hola. ¿Qué tal?

-Bien, un poco resfriada. Hace frío, ¿verdad?

-Sí.

-¿Qué tal si caminamos un poco?, así vamos entrando en calor- sonríe otra vez.

-Claro- Se ve coqueta y atractiva pero sencilla. Por su apariencia no pasa de los veinticuatro años. Se levanta suavemente, me sonríe y se abraza a mí como buscando protección.

-Ven, caminemos por aquí, luego iremos al “alojamiento” ¿Verdad?- inquiere como confirmando que lo que busco es justo lo que ella ofrece.

-Sí, aquí afuera está frío y tú estás resfriada- He confirmado mi intencionalidad.

Camina tomada de mi brazo de manera natural, sonríe, cada vez que su mirada se encuentra con la mía.

-¿En qué trabajas?- Me pregunta.

-En fotografía... bueno, en realidad estudio en la universidad. La fotografía me gusta.

-¿Tienes fotos aquí, ahora?- Dice mientras mira la mochila que cargo.

-Sí, te mostraré algunas en el alojamiento.

La avenida por la que caminamos se empieza hacer más solitaria, doblamos en una esquina y nos dirigimos hacia un edificio en el que también veo otras mujeres que la empiezan a saludar y decirle: “Qué bien, con qué suerte comienzas…”.

-¿Cómo te llamas?- Me atrevo a preguntar.

-Janeth- Me dice con suavidad y algo de pena. Se acomoda la melena y sonríe.

Subimos unas escalinatas, empujo la puerta gris como la niebla que empieza a recorrer el lugar. Atravesamos un corredor estrecho como las oportunidades que ellas deben tener. Hay una luz al final, a la derecha hay un cuarto con el rótulo “administración”, allí está una niña que con esfuerzo trata de hacer sumas y restas iluminada por la tenue luz amarillenta y rojiza de los focos. Esta “intimidad” me sorprende. Mientras veo este paisaje mi pareja se ha puesto ha conversar con otra mujer un poco mayor que ella.

-Me puedes pagar antes, mi amiga necesita dar cambio.

-Sí, aquí tienes- Le alcanzo el billete que tengo, no me interesa el cambio.

La niña parece cansada; esta amiga de Janeth se le acerca, le acaricia la cabeza y le da un beso.

-Ya viene mamá, cuando termines te acuestas en aquel sillón- le dice mientras se acomoda la falda y sale. Mi “compañera” abraza mi cintura.

-En este dormitorio me mostraras tus fotos- Me indica una habitación donde lo que predomina es la cama, me siento en ella y saco las fotos de la mochila. La puerta se asegura. Ella apoya su cabeza en mi hombro y me rodea con sus brazos, parece una gata mimosa. Me mira atenta, me gusta.

Le muestro aquella foto de la avenida central con sus edificios en la noche. Se ve imponente con sus luces, con sus cafés de lujo. Hay sinnúmero de negocios de toda índole. Allí se manifiesta el poder, el hormigueo de la gente en las calles muestra la lucha individualista. La foto muestra al hombre solo en medio de la multitud. La “M” amarilla de la cadena McDonalds de alimentos compite con el nevado Illimani , guardián de la ciudad.

Le muestro ésta otra. Es el mercado, se ven las verduleras, fruteras y carniceras, en el centro un “aparapita” que lleva una carga de frutas que redobla el peso de su huesudo cuerpo.

-Y ésta.- Siento un sollozo, la miro. Una lágrima recorre su suave mejilla y se precipita en mi hombro. Sin dejar de abrazarme me mira y toma la foto donde se ve un río que se desliza suavemente en medio del verdor de los cerros amazónicos. Hay un “pauichi” en la orilla. En “la chalana” unos niños juegan, otros nadan.

-Yo vengo de un lugar como éste, he recordado a mi padre y mis hermanos, mi madre murió joven. -Abre su mundo para mí-. Salí en busca de mejor futuro, vine para estudiar. No tengo noticias de mi familia, no sé qué ha podido pasar, el dinero y las encomiendas empezaron a faltar. No pude regresar, tenía que comer. Busqué quien me ayudara, quien me comprendiera. Busqué entre la indiferencia y la impotencia de la gente. Al final llegué aquí. Mis amigas me ayudaron a sobreponerme. No es fácil, tampoco a ellas hay muchos que las entiendan. La mayoría piensa mal de nosotras... -Se calma, respira profundo, intenta sonreír. Me mira serena y valiente me dice.

- Bueno, hagamos lo que tenemos que hacer- sonríe. Me doy cuenta que esta chica me gusta de verdad. Guardo las fotos. Acomodo la mochila en el piso y la abrazo con fuerza mientras le digo “Hagamos lo que tenemos que hacer”.

He pasado más de una hora en esa habitación. Tanto yo como ella nos hemos descubierto. La búsqueda del encuentro conmigo mismo ha terminado, comprendo mejor el “contexto”. Es la complicidad e intimidad de ese mundo que me ha trasformado el corazón. No olvidaré la valentía de Janeth, esa valentía que le hizo invitarme a vivir intensamente su mundo... Alguien toca la puerta.

-Te buscan- Dice una voz femenina dirigiéndose a Janeth. Ella me mira y exclama como sorprendida.

-¡Me buscan!, y añade con valiente ironía- ¿Para qué será?

Hay menos gente en la calle ahora, casi nadie, son las 11:15 p.m. Un bus espera pasajeros. Un niño somnoliento anuncia: “Ceja, ceja, satéliteee, línea 84”. Unos borrachos suben. Discuten con el chofer. Uno de ellos golpea al niño. El chofer trata de defenderlo. Se inicia una pelea, los pocos que están allí miran. Me da rabia. Recuerdo a Janeth diciendo: “Hagamos lo que tenemos que hacer”. Ya está, me dirijo al bus, agarro a uno y lo empujo fuera. Mientras voy por el segundo, el tercero de los de los beodos me golpea el ojo, que se empieza a cerrar. Qué duro hacer lo que hay que hacer. Por fin una patrulla aparece. La gresca se detiene. El chofer y el niño explican que sólo yo les ayudé.

- Siga su camino joven, nosotros nos encargamos- me dice el cabo. Camino pensando en la intimidad de este mundo marginal que es ignorado y usado por la oscuridad de nuestra propia visión, por nuestro silencio ante la injusticia del modelo vigente e impuesto, por la indiferencia frente a los derechos del otro. He caminado tanto, estoy en la avenida central. Miro la “M” amarilla. Parece la marca de este mundo ficticio en el cual los anuncios invitan al uso de sus símbolos míticos. Pienso en Janeth, esa chica me gusta. Doy vuelta y camino decidido a buscarla. ¿Para qué será? Para hacer lo que tengo que hacer...